¿Y éste quién es?

Por Sicalixto, el histórico.
Les voy a contar algo que siempre sentí: En Melipilla nunca vivió nadie y nunca pasó nada. Salvo la llorona, los tuetués, Ignacio Serrano y los pillanes. No hay movimiento obrero, no hay edificios patrimoniales, no hay luchas políticas, no hay planificación urbana, no hay lucha de clases, no hay artistas ni eventos deportivos relevantes. No hay historia escrita ni memoria sólida de tantos y tantos años.
En este recuento inexistente, pareciera que nunca hubiéramos sido nada y no tuviéramos un referente, salvo la figura de Serrano, nuestro Dios del que además tampoco sabemos nada, pero lo usamos para nombrar calles, equipos de fútbol, radios y cuanta cosa exista. Pero los hay, y entre ellos, elegí uno por considerarlo el más heroico, y el más olvidado.
Alejandro Venegas Carus (conocido también como Julio Valdés Cange), llegó a ser el hombre más odiado por los poderosos de nuestro país a comienzos del siglo pasado. ¿Quieren saber por qué? Vamos por el principio. Venegas nació en mayo de 1870 en Melipilla en el seno de una familia humilde que comercializaba abarrotes. Su papá participaba en una sociedad de socorros mutuos y su mamá en un instituto de caridad.
Eran tiempos de la Guerra del Pacífico y de enfermedades letales, eran tiempos en que Venegas pasaba sus días en una escuela de Melipilla y donde comenzó a forjar su mirada social. Más entrado en edad se fue al Instituto Nacional y entró al Pedagógico de la Universidad de Chile, lugar en el que se hizo muy amigo de Enrique Molina. Con él viajó a Talca y reformó el liceo de aquella ciudad, para luego volver a unirse por diez años en Chillán. Incursionó en poesía con mediano éxito y se convirtió en vicerrector del Liceo de Talca en 1905. Su amigo Molina asumió como rector.
Para este tiempo, Venegas ya tenía una mirada crítica respecto al poder de la Iglesia Católica y fustigaba la precariedad de los fondos públicos destinados a educación, muy menores respecto a los del Ejército. Justo entonces, llegó la celebración del primer centenario patrio y de fiesta para los poderosos, cuya dicha en nada se condecía con la miseria del país.
Ante esta vergüenza, Venegas recorre el país conociendo la realidad social de Chile y lanza en 1910 un balde de agua fría contra la fiesta del poder: Sinceridad, Chile Intimo en 1910, fue el nombre de un libro extenso y puntilloso que todavía hoy los historiadores definen como "el más certero y ácido de los relatos sobre las condiciones de vida y atropellos de que eran objeto los más pobres durante el cambio de siglo".
Los poderosos sintieron el golpe y le hicieron la vida imposible. Venegas fue perseguido y no pudo ejercer la docencia nunca más. Pasó sus últimos días trabajando en una lechería y un almacén en Maipú. El único que estuvo a su lado fue Molina, quien posteriormente fundó la Universidad de Concepción y es hasta hoy reconocido como uno de los pilares de la educación chilena. Con Venegas no pasó lo mismo y hoy es un marginado de la historia, aún cuando flamea como un héroe de la educación nacional y de aquellos que no callan. Lamentablemente, en nuestra ciudad no hay un poste que lleve el nombre de uno de los melipillanos más brillantes que haya existido.
