El fútbol pasión de multitudes

Por Cristóbal Mira
Es domingo por la mañana, son alrededor de las 12:15, hora perfecta para irme al estadio a ver al Potro Solitario. Quiero encontrar una buena localidad así que emprendo rápidamente mi rumbo al Roberto Bravo Santibáñez. El cotejo es a las 13:00, entre el equipo de nuestra ciudad y el Audax Italiano. Me asombra la gran cantidad de gente que se dirige tempranamente al recinto deportivo, más aún me sorprendo al llegar al estadio. Faltando media hora para el comienzo del partido, el estadio se encuentra prácticamente repleto, la galería andes ni hablar, quedando así muy pocas localidades disponibles. Buscando, logro sentarme en un buen lugar. Es Increíble la cantidad de personas que gusta de ir al estadio y que es capaz de pagar $3000, es que, querámoslo o no, el fútbol es el deporte número uno.
Para algunos es una "pasión exultante" (1), para otros una verdadera "peste emocional" (2), pero indiscutidamente el balompié es más que un deporte, si no, no tendría el impacto social ya conocido por todos. Un "hecho social total", así lo definió el ensayista Norbert Elias. Representa una metáfora de la condición humana, porque según el antropólogo Christian Bomberger permite observar la incertidumbre de los estatutos individuales y colectivos, como asimismo los azares de la fortuna y el destino (3). Inevitablemente da para discusiones sobre la injusticia, la simulación y la falta de criterio, además de contribuir a la reflexión sobre el trabajo en equipo y el individualismo.
El ambiente antes del comienzo del partido, es de gran efervescencia y expectación, debido, principalmente, a la excelente campaña de Deportes Melipilla y el buen nivel del rival. Notoriamente aprecio en el público una alta concurrencia de mujeres y niños, algo contrario a lo normal. En el mismo, puedo distinguir una gran variedad de personas, gente de todas las clases sociales, desde el último obrero hasta al máximo patrón, no importa el sector político ni tampoco la religión, pueden ser hip-hop, punk, etc. En pocas palabras el fútbol no discrimina, es de las pocas instancias sociales que permite que compartan Todos, que sea posible aunar fuerzas por la misma causa.
Entra el equipo a la cancha. Papel picado, canto ensordecedor, artificios y aplausos emergen desde la incondicional barra. Además de unos extintores, sale humo blanco, el cual deja a un sector de la galería completamente empolvado. El elenco saluda a su público y la gente retribuye con muchos más aplausos. Comienza el partido. Ya en el primer minuto hay una llegada para Melipilla, luego de esto hay una falta no cobrada, ante lo cual la gente reacciona airadamente y comienza rápidamente a involucrarse. Minuto 4 y gol para el potro, euforia total. Minutos más tarde le cometen una infracción a Pericás, lo cual no es sancionado por el juez, Pablo Pozo. Ante esto la galería se manifiesta airadamente, más aún al notar que el árbitro increpa al delantero (éste le muestra huellas de la infracción) diciéndole claramente "ándate a la...", en cierta medida es una defensa que hace el público al jugador, al sentir que se cometió una injusticia sobre éste. Tempranamente los hinchas se ensañan con el juez, de hecho al cobrar por primera vez a favor del local lo aplauden y felicitan irónicamente. Minuto 20 gol del equipo itálico, un completo silencio se aprecia en los hinchas melipillanos. Algunos culpan al arquero, otros a un mediocampista, el punto es que a alguien hay que culpar, es la necesidad de identificar al causante. Luego (minuto 31) se observa un evidente manotazo a un defensa local, el árbitro no se percata y no sanciona con la expulsión al delantero rival. Frente a esto el público se manifiesta fuertemente, gritando uniformemente "¡ladrón, ladrón,...!". Claro que no todo es malo, al Audax no le cobran un claro foul, y todos callan, siendo cómplices del cometido. Termina el primer tiempo, comenzando así el consumo masivo. Que bebida, maní o sándwich de potito son los productos preferidos por la mayoría. Otros aprovechan de ir a los poco agradables baños. En el estadio se permite todo, incluso la libre-competencia entre los vendedores. Sino pregúntenles a unos jóvenes (se encontraban cerca de mi ubicación) que compraron maní a $200 y que minutos más tardes observan a otro comerciante vendiéndolo a $100, frente a esto me río y lo entiendo como el propio libre-mercado.
Comienza el segundo lapso. Entra al terreno el jugador J. L Cabión, seleccionado nacional, la gente orgullosa de esto lo ovaciona. Ya en el minuto 3 el elenco rival se pone en ventaja. Sin embargo, la barra melipillana canta incansablemente mostrando fidelidad e incondicionalidad. El partido se torna fome, debido al bajo desempeño de los equipos, sobre todo el de Melipilla. Los hinchas empiezan a perder la paciencia, y cada uno tiene una solución frente al mal desempeño (esto me recuerda al transantiago), desde arriba se escucha sabiamente: "debería estar el polillita Arenas". En el minuto 77 se arma un escándalo de proporciones, un delantero rival recibe el balón en evidente posición de adelanto, la que es marcada por el asistente pero Pozo hace caso omiso considerando la existencia de un rebote, el jugador continúa con el balón decretando el lapidario 3 a 1. Tras esto se genera una discusión entre los jugadores y el árbitro, quien tarda 4 minutos en validar el gol. La hinchada frente a lo que consideran una injusticia, se enoja y comienza un festival de gritos: "sinvergüenza" y "ladrón" se oyen constantemente, se escucha decir "son todos iguales" y otro dice "estos no necesitan ayuda", en referencia al nivel del rival. Es que la gente frente a una injusticia y arbitrariedad, no puede quedarse tranquila, ya que siente que le están robando y mintiendo. El fútbol es como la vida, los perdedores son más numerosos que los ganadores, por eso es: el deporte de los humildes, que ve en él, consciente o inconscientemente, una representación de su destino. Muchas de las personas que reclaman sufren de estas derrotas e injusticias, pero sin embargo no pueden reclamar contra los causantes: factos, el sistema y jefes. Entonces es el estadio el lugar en que SÍ lo pueden hacer, por lo que la situación mencionada se vuelve una verdadera catarsis colectiva. Incluso gente reacciona tirando objetos al guardalínea. El 3 a 1 desmoralizó a los potros, los cuales no pueden hacer nada para revertir el marcador, a pesar de esto la gente entiende que la derrota no es culpa de los jugadores.
Termina el partido. Los hinchas comienzan a retirarse lentamente, cabizbajos por la caída sufrida. Pero saben que amar al club es aceptar el sufrimiento. Y que en cada derrota lo importante es permanecer unidos, juntos. Gracias a esta pasión compartida, se tiene la seguridad de no quedar nunca solo, como sí suele suceder en otras situaciones.
- (1) Jean Marie Brohm, "La Tiranía Deportiva"
- (2) Pascal Boniface, Football et mondialisation, Armand Colin, París, 2006-
- (3) Christian Bromberger, Football, la bagatelle la plus sérieuse du monde, Bayard, París, 1998.
Referencias extraídas de Le Monde Diplomatique, Planeta Fútbol, Junio, 2006.
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Autor: Felix Cespedes
chao.
Fecha: 18/07/2007 19:26.
