Pruébela Ya
Por Sicalixto, el yerbatero volador
Volví, estuve una temporada corta afuera. Mi editor me dio vacaciones y yo me fui un poco. No tuve tiempo para escribir en el anterior número y os ruego disculpas. Pero me lo merecía ¿no? Durante los días que me fui se instalaba Falabella en Melipilla y se suponía que debiera haber escrito algo sobre eso. Pero para qué. Algunos podrán decir que ya no reconocen su ciudad de tantos cambios que tiene, que crece con formas raras, que la Plaza de Armas ya parece Transformer, que los comerciantes de Ortúzar se quejan y una lata tremenda ¿Es que acaso no pensaron que la ciudad crecería y esto pasaría? Como dijo Vedder, it's evolution, baby! (es la evolución, reina!), y ya sabemos lo que pasa ¿Para qué sirve esto? Para varias cosas. Una de ellas es simple, para pensar y hacer. Quien piensa, hace y va hacia adelante. Sólo o agrupado, generalmente llega donde quiere. Quien piensa poco, hace poco y lo hace mal, generalmente se queda donde está.
¿Y es muy malo quedarse donde uno está? No. Pero es diferente quedarse donde uno está como quiere estar. De lo contrario, la mente divaga por pasajes inciertos que pueden ir desde la modorra conciente, a un viaje eterno vía abducción de un Ovni con Elvis cantando adentro y bellas prostitutas bañadas en alcohol, en un vuelo orgiástico por mejores horizontes. O algo más simple... como la noche en el punchi punchi atroz de los discoteques melipillanas, que de suerte no siguen tocando a King Africa o El Símbolo, o las noticias de la noche, la mañana, el mediodía y la mediatarde que le dicen a la dueña de cosa que la cosa está mala y no se puede salir después de las siete. Y claro, es mejor quedarse viendo tele. Es más seguro. Droga dura esa.
Pero se puede pasar el efecto con este consejo que me hizo un amigo radial alguna vez: Tome un poco de Lascurría. "Es fácil", me dijo. "Uno va a la feria, ve a la señora que vende Boldo, Llantén, Ruda, Uña de Gato y otras yerbas, y le pide una bolsita de Lascurría. Al llegar al hogar, te ‘preparai' una infusión y la ‘tomai' todas las mañanas, idealmente en ayuno". Lascurría, que no tiene ningún costo, descubrí entonces, surte efecto y uno literalmente se despeja. Tan poderoso es el vegetal que su inclusión como elemento básico en el agua melipillana es algo que está en proceso de estudio.
Tal como el flúor se hizo necesario en su época, nuestra agua -esa que dicen es la peor de Chile, de la que se dice que es de las peores del mundo ¡rumores infames!- podría tener este ingrediente. Ya veremos si resulta. Yo, lo testifico, lo tomo cada seis meses y resulta. Llevé un poco en mi viaje e hizo furor en tierras lejanas. Ya imagino a mis viejos, vecinos, comerciantes, estudiantes y otros tomando Lascurría. Ojalá que este proyecto fructifique y no se quede como el tren Santiago-Melipilla, la remodelación que iba a ser Drácula del Teatro Serrano y tantas otras. Hasta ahora a algunos les ha dado tremendos resultados, yo recomiendo probarla... ¡Pruébela! Por favor.
