Los 20 años de la Negra Ester

Con una gira por la Región Metropolitana se celebró el vigésimo cumpleaños de la obra teatral gracias a un programa de extensión del Consejo Nacional de la Cultura (CNCA) y las Artes.
Por Rodrigo Valenzuela Herrada
En diciembre de 1988, cuando aún se saboreaba el emborrachamiento victorioso de la democracia sobre la dictadura y resonaba fuerte el eco de los vítores del pueblo chileno, Andrés Pérez estrenó –junto al Gran Circo Teatro- la Negra Ester, obra en décimas escrita por Don Roberto Parra Sandoval.
Veinte años han pasado desde entonces, algunos actores han cambiado mas la intención de la compañía de teatro es mantener el legado de Pérez fiel a sus orígenes: la historia de esta puta de puerto y el artista huachaca es una versión bizarra, o latinoamericana (que son casi sinónimos), del clásico shakespeariano.
¿No queda pipeño?, pregunta Rosa Ramírez, rostro histórico de la Negra Ester, luego de terminada la función que se realizó en Melipilla el mes pasado. No queda, responde una muchacha que es parte de la compañía. Rosita mira con resignación su tazón con un té que debe estar frío, prende un cigarro y pide disculpas, “estoy cansada y tenía que ordenar mis cosas, pero vamos, hagamos la entrevista”.
Antes que nada, agradecemos a ti y al Gran Circo Teatro que se hayan presentado acá.
Y nosotros agradecemos muchísimo la oportunidad que nos da el Concejo de la Cultura de hacer esta gira porque creemos que es un compromiso con la ciudadanía. Es importante llegar a distintas comunas, es una bonita complicidad que hemos armado con Laura Pizarro del Concejo Regional de Cultura. La Negra Ester es una obra muy interesante: por su historia, por su estética y se ha mantenido igual durante estos 20 años.
Paréntesis. Minutos antes de hablar con Rosa Ramírez, conversamos con Jorge Lobos, uno de los músicos fundadores de la Regia Orquesta, junto a Cuti Aste y Álvaro Henríquez, le preguntamos que cómo lo hace para tocar siempre las mismas piezas y entregar la emocionalidad intensa en cada una de las presentaciones. Lobos, tratando de sacarse el maquillaje cuenta que “tiene que ver con el método de máscaras que a su vez tiene que ver con la emoción, la que no muere nunca, cada vez que nos presentamos es una nueva versión. Si bien es cierto que son las mismas corcheas, la intensión es distinta en cada función, es un público único”. Luego nos pregunta cómo va el Teatro Serrano y añade “Que viva el Teatro”. Cierra paréntesis. Volvemos a Rosa Ramírez.
¿Qué ha sido para ti representar por veinte años a la Negra?
Es una responsabilidad muy grande. La obra siempre despierta grandes expectativas y siempre tienes que estar a ese nivel. Además, la obra que vieron hoy es la misma que la que se estrenó, no ha habido adaptaciones y ¿sabes? es un tremendo orgullo personificar a la Negra Ester.
Al final de la obra fue emocionante que se hicieran acompañar con una imagen de Andrés Pérez ¿Cómo fue trabajar con él?
Me siento privilegiada porque al Andrés lo conozco de niño, fuimos juntos al liceo de Tocopilla y nos reencontramos en el mundo del teatro y cuando estaba con nosotros yo fui incondicional a él, en lo que se le ocurría yo estaba siempre dispuesta a esa aventura, no me arrepiento de lo más mínimo. Andrés era un torrente de talento y creatividad y lo echamos de menos, en lo personal y a nivel de teatro nacional y latinoamericano. Creo que quedaron cosas pendientes.
Rosita profundiza la mirada, ya no sólo está sentada en las graderías de un gimnasio en otra ciudad de provincia, ahora está lejos y musita “bonito, para mí, trabajar con él ha sido uno de los regalos grandes que Dios me ofreció… trabajar tan directamente y por tantos años”.
Vuelve del breve ensimismamiento, alguien la llama, casi todo está desarmado y guardado, ya se van, la ruta los espera, el show debe continuar, los artistas y las putas raramente tienen descanso.
